jueves 18 de septiembre de 2008

ALGO MÁS SOBRE UNA SENTENCIA ANUNCIADA

"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.



En el mes de julio de este año difundí la noticia de una sentencia penal, deliberada por la jueza del Séptimo Juzgado Penal de Piura. Y precisaba ahí que esta jueza estaba citando a los sentenciados, es decir a aquellos a quienes se les iba a leer dicha sentencia: Socorro Granda (las damas primero), Ricardo Cedano (quien arrastró a todos los demás a cometer el delito), Sigifredo Burneo, Manuel Alayo, Héctor Castillo Moulet, Luis Arévalo Gálvez, Amancio Martínez Gómez y Rafael Gutarra Luján.
En aquella ocasión precisé el delito mayor de estos inculpados: haber ocupado de manera ilegal el cargo de miembros del Consejo de la Facultad de Ciencias Sociales y Educación, en el lapso de 2002-2003. Una prueba de lo ilícito de ese acto fue que éste no sólo fue anulado judicialmente, sino también administrativamente (como consecuencia de lo anterior) anulándose la resolución que oficializó dicho acto. Y, obviamente, el hecho de que quedara nulo el acto inicial por el cual fueron “electos”, da como resultado que cometieron el delito de usurpación de cargo público (también conocido como usurpación de funciones) y, asimismo, están comprendidos en el mismo delito todos los cargos accesorios que también de manera ilegal se adjudicaron durante el tiempo que fungieron de consejeros.
En el mes de julio, cuando difundí la noticia por medio del correo DIGNIDAD.UNP (que dirige el profesor José Atto Mendives), la señora Socorro Granda Chunga dio el grito al cielo, y llegó a decir que esa noticia ‘no se ajustaba a la verdad’, entre otras perlas pintadas de blanco, que tuve ocasión de despintar. Pero lo que faltó aclarar ahí, es que la sentencia aludida no sancionaba penalmente la usurpación mayor (que está dentro de otro proceso) sino las usurpaciones menores por los cargos accesorios que, abusando de su estatus de consejeros, los inculpados se auto asignaron, arrebatando ese derecho a otros profesores de base; o sea que la usurpación estuvo acompañada de Abuso de Autoridad, nada más que como este delito tiene una pena de dos años como máximo, y el proceso ha durado cuatro años, pues se dio su prescripción. Y no ocurrió así con el otro delito, porque él tiene una pena máxima de siete años, o sea que el plazo de prescripción es hasta el 2011.
Ahora bien, resulta que quienes han ido a que se les lea la sentencia han sido los siguientes inculpados: Sigifredo Burneo, Héctor Castillo, Luis Arévalo, Amancio Martínez, y la sentencia en su caso los condena a tres años de prisión suspendida, a la inhabilitación de un año para ejercer cargo público y al pago de la irrisoria y solidaria suma de dos mil soles. Obviamente, los agraviados (el Estado y el suscrito) hemos apelado, porque consideramos que con esa pena la corrupción se reafirma en su sentimiento de impunidad, puesto que no le hace ni cosquillas. Y a lo sumo les queda unos antecedentes judiciales que, después de cierto tiempo, pueden ser anulados. Por supuesto, los sentenciados también han apelado, seguramente con la intención de que se anule la sentencia, lo cual –de ocurrir– no será sino un agravamiento de la burla ya ocurrida con la benignidad de la sentencia misma. Por lo que respecta a los acusados que no concurrieron a la lectura de sentencia (Socorro Granda, Ricardo Cedano, Manuel Alayo y Rafael Gutarra Luján) han pasado a tener la calidad de reos contumaces con orden de captura, a nivel nacional. Eso es lo real hasta ahora.
Cuando contesté la rabieta de la señora Socorro Granda, dije que no lo hacía con todos sus argumentos. Pero ahora creo que sí puedo hacerlo. Ella le dijo a José Atto:
“Vamos a ir a una sentencia, despues de 2 años en que atender 15 juicios diferentes impulsados por el mismo sujeto, pasamos por alto éste, porque entenderá que quienes tenemos una familia a quien atender, es decir padres, esposa o esposo, hijos, trabajos complementarios para cubrir gastos de educación, de salud, vivienda, etc no solo, personales sino de quienes están bajo nuestra tutela, nos falta tiempo para pasar horas de horas leyendo expedientes. Escucharemos con atención la sentencia y así como el demandante ha tenido varias ocasiones para apelar sentencias adversas, ese mismo derecho nos asiste y lo usaremos.”
Y es este un párrafo digno de analizarse de manera detenida. Y, en primer lugar, insisto en decir que las fallas de redacción son del original recibido por el profesor Atto, y de absoluta responsabilidad de la señora Granda. Como es de su responsabilidad el haber asegurado que iba a ir a que le lean la sentencia, pero no ha ido (y ya hemos visto que eso no la libra del delito cometido sino que éste se agrava). Y ahí mismo reconoce que el sujeto que los ha llevado a este estado de sentencia les ha instaurado quince juicios, ¿por qué? ¿Porque son inocentes? Si fuera así hace rato que me hubieran hecho contrademandas y contradenuncias en salvaguarda de su “honor”; pero no, los juicios siguen, varios de ellos ya sentenciados en la vía civil, y otros de ellos diluidos en la vía penal, no porque sean inocentes sino porque el “poder judicial” es parte del sistema, y el sistema es corrupto. Felizmente hay jueces honestos (como es el caso de quien dirige el Séptimo Juzgado que, aunque con demora, ha fallado en contra de la corrupción).
Pero también en el párrafo citado de la señora Granda aparece la verdadera “madre del cordero”: la señora Granda y sus co-inculpados han tomado a la Universidad como la “caja de salvación” de sus penurias económicas. Pero, lógicamente, con la sentencia aquí comentada, se demuestra que esos “trabajos complementarios” no son tan “santos” que digamos, y, por otro lado, todo el mundo sabe que no son ellos quienes tenían que “pasar horas de horas leyendo expedientes”, porque además de ser delitos personales (no institucionales) tenían el desparpajo de pagarse con plata de la Facultad abogados que les ahorraban esa lectura.
Por último, debe saber la señora Granda que el derecho de apelación no es derecho de “exculpación”. Y, realmente, el delito es tan evidente y flagrante, que sólo otro delincuente les otorgaría absolución. Y yo no descarto esa posibilidad en el sistema judicial peruano que, como ya he dicho, es parte del sistema mayor corrupto; pero también le otorgo el beneficio de la duda, porque –insisto– en él también hay jueces probos. Y dudo que este tipo de jueces tuerzan la decisión ajustada a derecho contenida en la sentencia que acompaña a este escrito en archivo adjunto.

jueves 24 de julio de 2008

"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.

Un saludo por FIESTAS PATRIAS DEL PERÚ: con el ánimo de seguir construyendo una patria hermosa, como la vio Heraud, y como la queremos todos los que tenemos el corazón en su sitio.

La actualización del blog la reiniciamos el día 30 de julio.

Un abrazo sincero.

Julio Carmona

domingo 20 de julio de 2008

“DI LA VERDAD Y MUÉRETE.”

"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.

Cito una sentencia atribuida a Horacio, a propósito de la crítica literaria: “Dat venia corvis, vexat censura columbas”, cuya traducción sería “Adular a los cuervos y censurar a las palomas”. Y puede servir para referirse al uso de ciertas palabras como totalitarismo, fascismo, terrorismo y hasta revolución, cuyo uso muchas veces no se corresponde con su exacto significado. Bien se sabe que las palabras por sí mismas no son malas ni buenas. De estos atributos las cargan los usuarios. Las palabras son como los objetos. El bisturí que usa el cirujano es diametralmente opuesto al que usa el pirañita de Ayacucho. Un ladrón puede ser “solidario” con su cómplice, pero su acción estará ubicada en las antípodas de la acción solidaria de la Madre Teresa de Calcuta.


Igual ocurre con el uso de la palabra terrorismo o terrorista. Bien puede ser usada para designar al que hace detonar una carga de dinamita en una calle céntrica y concurrida de una populosa ciudad; pero también, para desprestigiar al luchador social que reclama, a viva voz, se reconozcan y respeten los derechos de los trabajadores. Lo que se olvida en el caso de esta palabra (y no se olvide que hay olvidos que matan) es que hay terrores y terrores; el terror negro, el de la miseria, del que dan cuenta las noticias policiales todos los días; el terror rojo, el de la anarquía, del que quiere acabar con esa miseria eliminando a los que considera sus sostenedores; el terror blanco, el del Estado, que no perdona a ningún sospechoso (y en este calificativo cabe todo el pueblo), y el terror amarillo, el de la corrupción, de aquel que vende su alma por unas cuantas monedas, contaminando a las instituciones con sus detritus.


Un cuchillo en la mano de un miserable puede ser menos peligroso que la lengua viperina de un cobarde. La palabra “terrorismo” en la boca de Bush suena a “cruzada cristiana”, pero en los oídos de los iraquíes, a terror efectivo y ocupación alevosa de su territorio. “Miente, miente que algo queda”, decía el ministro nazi. Y es una forma de inmunizar a la gente del verdadero sentido de las cosas. Repetir hasta el cansancio que los pobres son los malos, inmuniza de pensar lo contrario. El antídoto para ese atentado terrorista contra la libertad de pensar es aferrarse a la verdad, a decir a grandes voces la verdad, pues, como dijo Martin Luther King: “Tendremos que arrepentirnos en esta generación no simplemente por las palabras y acciones llenas de odio de las personas malas, sino por el espantoso silencio de las personas buenas.”

domingo 13 de julio de 2008

“COMPAÑERO DEL ALMA, COMPAÑERO”


"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.


El verso del epígrafe es el último de la Elegía que escribiera Miguel Hernández (el gran poeta de la Guerra Civil española) en homenaje a su amigo Ramón Sijé. Ambos amigos viven ya, por siempre, en el poema. Para muchos (entre los que me incluyo) es un modelo en su especie –la elegía– como el “Ojos claros, serenos…”, de Gutierre de Cetina, lo es del madrigal. Son expresiones fidedignas de dos sentimientos como son la amistad y el amor, sentimientos tan comunes, como la muerte y la vida, y por ello tan difíciles de tratar poéticamente. Rilke recomendaba a su joven corresponsal (el joven poeta de las cartas) que evitase los temas de ese tipo (el amor, la política, etc.) porque ‘tantos poemas grandes se han escrito con ellos que para un joven poeta se convierten en retos infranqueables’. No dejaba de tener razón Rilke. Aunque habría que hacerle un añadido: esa dificultad no es materia de prevención sólo para los jóvenes. El lugar común es opuesto a la poesía pues ésta debe proponerse como algo nuevo.

Valgan estas palabras introductorias para mitigar la aprehensión que me causa el tener que cumplir con una obligación de conciencia que me impone el fallecimiento de mi amigo, Luis Alberto Ruidías Reyes. Porque sé que todo lo que pueda decir de él será insuficiente y hasta inconvincente. Porque las palabras empalidecen cuando se trata de que sean fieles a un valor tan inapreciable como es la amistad, y más aún si quien la cultivó en vida –como es el caso de Lucho Ruidías– lo hiciera de una manera excepcional. Lucho Ruidías no fue sólo un gran amigo. Fue un excelente profesor. Esta afirmación estoy seguro que no dejarán de refrendarla los docentes y estudiantes de la Facultad de Ingeniería Industrial de la Universidad Nacional de Piura, en la que dictó cátedra (en el estricto sentido del término: como instrucción y como educación). Fue un gran amigo y un gran docente incluso en esos momentos en que se exasperaba (hasta la indignación) cuando veía que algunos colegas o alumnos incurrían en deslices o acciones que dejaban mucho que desear, porque no se ajustaban a las normas de la institución o a las de la integridad personal, humana.

Existe entre nosotros la costumbre de loar a las personas cuando mueren, incluso a quienes no lo merecen. Porque se tiene la errada idea de que la muerte lo borra todo. Y yo pienso que no es así. No debe ser así. Cualquier reconocimiento post morten debe estar refrendado por vida. Vida digna, aunque esté aureolada por la pobreza (o, mejor, por esto mismo). Por eso estas palabras quieren ser sólo una despedida tardía al amigo: un día antes hablé por teléfono con él y quedé en visitarlo al día siguiente, el mismo de su muerte, pero al llegar a su domicilio había sido trasladado al hospital; llamé a su celular, y fue en vano.

No voy, pues, a ponderar sus virtudes morales, ni he de resaltar su gran calidad humana, tampoco hablaré de su alto nivel profesional. Es demasiado tarde para ello. Sólo diré –en diálogo interior con él–: Lucho, me dejas el gran ejemplo de tu amistad, de tu valor para enfrentar las adversidades, de tu cólera contra la corrupción y los corruptos. Lucho, el mejor homenaje que te puedo hacer es decirte que –pese a quien le pese– voy a seguir ese ejemplo que nos dejas como recuerdo, como espejo de dignidad.

sábado 5 de julio de 2008

SENTENCIA QUE SACA RONCHA 2

"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.


El archivo que precede a éste (en este blog) fue difundido por el profesor José Alberto Atto Mendives a través de su correo dignidad.UNP@gmail.com, y suscitó la siguiente respuesta de la señora Socorro Granda Chunga (una de las sentenciadas y mencionada en el artículo aludido) respuesta a la que, a mi vez, respondo inmediatamente después:

EMAIL DE LA SEÑORA SOCORRO GRANDA DIRIGIDO A JOSÉ ATTO

Señor Atto, realmente es una lastima que usted se halla convertido en el "cartero " del señor Carmona. y que alegremente reparta sus articulos sin importarle si estos se ajustan a la verdad. Como bien se indica, este es un juicio antiguo. Y voy a darle otra versión de los hechos: en el 2001, se realizaron las elecciones para consejo de facultad, y quienes participamos de la vida universitaria, sabemos que todos los grupos interesados en intervenir en los procesos eleccionarios, no esperan la invitación en sus casas. Todos supimos del cronograma de elecciones, pero los apetitos personales en uno de los grupos, donde varias personas aspiraban a ser "cabeza de lista" para tentar el decanato, impidieron formalizar una lista, hubo renuncias, peleas, idas y venidas. Por eso no presentaron lista.- Nadie se los impidió. Que tenian mayoría eso es mucha arrogancia o un subjetivismo alucinante, en plena elección, en el mismo día, llamaron al ausentismo, al voto blanco o viciado, pero una infima minoria les atendio el pedido en esto último. Todos los docentes de la facultad acudieron a elegir, salvo dos docentes que estaban con licencia y fuera de la ciudad. Ganamos por mayoría absoluta. Y los que perdieron en las anforas, no solo hicieron su berrinche sino que acudieron al poder judicial, al que es asiduo el mencionado docente. Tenga en cuenta, que este mismo juicio ha tenido ya varias sentencias adversas al demandante, tanto de la fiscalia como de juez, pero quien dispone de tiempo, de recursos y alimenta amarguras o fantasmas ha estado en una apelación permanente, tanto que en el mismo juicio se la ha negado reclamos y peticiones " porque no es parte agraviada". Este juicio tiene señor Atto, 3 tomos y cientos sí, cientos de folios y miles de horas de trabajo de una mente obsecionada dizque por la justicia. Vamos a ir a una sentencia, despues de 2 años en que atender 15 juicios diferentes impulsados por el mismo sujeto, pasamos por alto éste, porque entenderá que quienes tenemos una familia a quien atender, es decir padres, esposa o esposo, hijos, trabajos complementarios para cubrir gastos de educación, de salud, vivienda,etc no solo,personales sino de quienes están bajo nuestra tutela, nos falta tiempo para pasar horas de horas leyendo expedientes. Escucharemos con atención la sentencia y así como el demandante ha tenido varias ocasiones para apelar sentencias adversas, ese mismo derecho nos asiste y lo usaremos.
Déjeme decirle que también los psicólogos tenemos un aforismo "dime de que eres anti y te dire que eres" es lo que se llama el mecanismo de defensa de reacción- formación. Dicen que Hitler odiaba a los judios porque el mismo tenia ese origen.
Señor Atto, aprovecho la oportunidad para decirle que elimine mi dirección electrónica de su agenda. No me interesa recibir resentimientos, atender actitudes mesiánicas, megalómanas, gente alucinada que se siente y se cree los guardianes de la moral, la justicia, por favor no existen los Superman, los Batman. Jesus, el Mesias sólo vive en nuestro espiritu y en nuestras acciones.

Socorro Granda Chunga

(Por supuesto, la transcripción que hago de este escrito respeta la mala redacción de quien lo escribe. Nadie puede ser condenado por incurrir en cacografía.)

RESPUESTA AL EMAIL DE LA SEÑORA SOCORRO GRANDA


Estimado José, He recibido el email que me has reenviado de la Psicóloga Socorro Granda. Todo él es un solo despropósito que desdice de la calidad profesional de quien lo escribe. Por supuesto ese despropósito mayor se subdivide en desatinos menores que, obviamente, no voy a tratar aquí de manera exhaustiva, porque la mayor parte de ellos no resiste al más mínimo análisis.

Y voy a empezar por el último, que consiste en pedirte que elimines su dirección electrónica de tu agenda. Porque –dice– no interesarle “recibir resentimientos, atender actitudes mesiánicas, megalómanas, gente alucinada que se siente y se cree los guardianes de la moral, la justicia, por favor no existen los Superman, los Batman. Jesus, el Mesias sólo vive en nuestro espiritu y en nuestras acciones”.

Y ese pedido es un despropósito indigno de la profesión de psicólogo, porque de ser ciertas todas esas afirmaciones de “resentimiento, mesianismo y megalomanía”, el seguir recibiendo esas comunicaciones le permitiría hacer un interesante trabajo de investigación.

Lo cierto es que todos esos calificativos se convierten en un bumerán, como insulto, que retorna a su origen, puesto que el resentimiento se da en quien se siente descubierto en sus fechorías y considera que es injusto que se las enrostren o si no porque se le está ofendiendo en su honor; y esto no ocurre conmigo, porque a mí (los sentenciados) no pueden acusarme de ningún error sancionable, y tampoco han mellado mi dignidad de manera personal, de tal suerte que el resentimiento no es un calificativo que me sea aplicable.

Y lo de mesiánico y megalómano tampoco, porque yo no me estoy proponiendo para reemplazarlos en ningún cargo. Y ellos (hablo en plural, porque al parecer, es común a varios –si no a todos– los sentenciados) sí se creen llamados a ocupar esos cargos de decano, de jefe, de director, aunque nunca hayan demostrado tener los méritos del caso, y, finalmente, sus acciones los desmienten, aunque la “psicóloga” diga que Jesús se refleja en sus ideas y en sus acciones; declaración esta última que revierte en su contra, pues una creencia de ese tipo viene a ser el sumun de la megalomanía y el mesianismo: ¿que Jesús se refleja en las ideas y acciones del corrupto? ¡Por favor!

Yo lo único que he hecho es cumplir con un imperativo de mi consciencia, que es –por lo demás– propio de todo ser normal: luchar contra la corrupción. Y bien se sabe que el flagelo de la corrupción empieza por atropellar el estado de derecho (leyes, normas y reglamentos), y lo que yo he hecho es salir en defensa de la legalidad, defensa que, lógicamente, se realiza en el fuero legal, y porque, además, esa asunción principista (signo de normalidad) no sólo es un derecho sino también un deber, así establecido por la ley, por las normas morales y por los reglamentos de la Universidad. Entonces, yo pienso que en la administración pública –definitivamente– hay hasta cinco especies de servidores.

El normal, que es aquel que defendiendo el estado de derecho (conforme lo he descrito arriba) no busca servirse de los cargos, sino de servir al cargo y a los usuarios del mismo, y, por lo tanto, frente a una idea por realizar o una acción por ejecutar, busca el amparo de la ley; no cree que él mismo sea la ley, ni se pone en el plan de pretender, al atropellarla, pasar por ignorante de la misma o de haber sido engañado por un corrupto mayor, siendo él mismo –como todo indica que así es– un corrupto de marca mayor.

Con las ideas expuestas he completado las otras especies de servidores de las cinco que anuncié arriba que iba a exponer, y son: a) el ingenuo, el que dice que fue sorprendido por la viveza o la labia de un corrupto que lo hizo apoyar los atropellos a la legalidad que aquél le proponía; b) el ignorante, aquel que desconoce las leyes y las normas elementales de la administración, sirviéndole ello de coartada, para argumentar su aceptación de incurrir en tales errores; c) el corrupto mayor (innato) aquel que a sabiendas y abusivamente inobserva todas las normas, en la seguridad de que todo el sistema corrupto habrá de protegerlo: porque el poder judicial demora tanto que cuando salga la sanción –si es que sale– pues ya habrá prescrito todo.

Y d) todavía hay un último espécimen de servidor público: el indiferente, el que no apoya a ninguno de los extremos y deja que los defensores de la legalidad (lamentablemente, pocos) le “saquen las castañas del fuego”, y no dice “esta boca es mía” frente a las tropelías de los corruptos. Y en este caso, los corruptos salen ganando. Y, por supuesto, los corruptos no les dicen nada a los indiferentes, más bien tratan por ahí de convertirlos en “ingenuos” o en “ignorantes” que suelen ser los más bajos escalones para alcanzar el alto nivel de la corrupción.

Pero el corrupto sí se indigna contra el servidor público honesto que lo denuncia. Y es el caso de la “psicóloga”, a quien respeto como mujer o madre pero no como funcionaria, pues la resolución administrativa (Archivo 1) que la sancionó por malversación de fondos del Estado (delito en el que reincidió: Archivo 2), y las sentencias judiciales en lo civil (Archivo 3, nulidad de elecciones; Archivo 4, nulidad de directorios, y Archivo 5, concurso de docentes nulo), y en la medida que en todas estas nulidades ella actuó como consejera usurpadora de funciones, obviamente, ello la descalifica como funcionaria.

Y ya que he llegado a tratar este tema judicial, voy a desbaratar las hepáticas lucubraciones de la “psicóloga” en ese sentido. Porque la única causal que ella pretende desestimar es aquella de la sentencia civil (Archivo 3) que anuló las elecciones de la lista única que “ganó” en diciembre de 2001 la consejería de la FCCSSE, porque dichas elecciones se convocaron con tal “estrecho plazo”, por decir lo menos, que no permitió la presentación de otras listas.

Pero, en realidad, esa no fue la causal única o definitoria que motivó la nulidad de dicho acto electoral. Esa en todo caso fue la consecuencia de las verdaderas causales previas que son enumeradas en la sentencia civil (que anuló el acto electoral). Y te pido por favor leas en el Archivo 3 el sexto considerando (folio 5) que empieza así: “Que, conforme a lo probado en autos, en el caso sub litis se ha dejado en evidencia que en el proceso eleccionario analizado en el considerando precedente se han (sic) incurrido desde su inicio en una serie de trasgresiones a la Constitución, las leyes y los reglamentos aplicables”. Y, a continuación, verás que se enumeran hasta cinco causales, que aquí resumo:

1. Que el acto electoral empieza con la sesión del Comité Electoral en el que se acuerda llevarlo a cabo (Ley 27444, Artículo 3º, inciso 1), y no como dijo Eduardo Vegas Ancajima (reemplazante de Cedano en la presidencia del Comité Electoral y en complicidad con él) que empezaba el día de la convocatoria;

2. Que la convocatoria se hace por avisos públicos del Comité Electoral, y no, como se hizo, a través del Decano;

3. Que, en ese orden de ideas, Cedano debió renunciar tres días antes de la sesión llevada a cabo el 31-11-2001, y no como lo hizo, el día 4 de diciembre, es decir tres días antes del día viernes 07, en que se redactó el oficio (llegándole el día 10) al Decano anunciándole el acuerdo de realizar las elecciones, dándose sólo dos días para recabar los formatos de inscripción de listas, y en esos dos días el aviso de la convocatoria fue puesto en una pizarra que nadie solía leer;

4. Que todo eso imposibilitó que otros docentes (no coordinados por Cedano) pudieran presentar lista;

5. Que Eduardo Vegas Ancajima no cumplió con contestar oportunamente ni de la manera correcta a las impugnaciones hechas contra todas esas irregularidades por un grupo de profesores; Esta versión de los hechos, repito, figura en la sentencia civil (Archivo 3) de un proceso que demoró tres años en la vía civil (2002 a 2004), respetándose el debido proceso, con los alegatos de defensa por parte de los demandados (Cedano Santur y Vegas Ancajima).

Y esa –según la “psicóloga”– es una versión distorsionada y hasta falsa de los hechos; mientras que lo expuesto por ella sí es la versión única y verdadera, cuando en realidad lo que ella ha hecho es irse por las ramas, sin animarse a reconocer que los procesos judiciales siguen su curso y se ventilan (con todas sus demoras) al margen de las acciones que realicen las partes.

Y lo único que ha demostrado es una absoluta ignorancia de cómo se llevan a cabo dichos procesos, lo que es corroborado con la siguiente afirmación: que “este mismo juicio ha tenido ya varias sentencias adversas al demandante, tanto de la fiscalia como de juez” (sic a todo), y, en realidad, a lo que se refiere la “psicóloga” es a una u otra resolución que puede tener el carácter de “auto”, pero de ninguna manera de “sentencia” (además la fiscalía no sentencia; sólo sentencia el juez), y ésta, la sentencia, es una sola y definitiva, las otras resoluciones son partes del proceso que no lo concluyen.

Y las resoluciones (de una jueza anterior) a las que la “psicóloga” hace alusión tienen que ver con la sospechosa exclusión del ex rector Edwin Vegas Gallo, quien es evidente que ejerció influencia para ello desde el cargo de miembro del Consejo Nacional de la Magistratura. Y, en efecto, se anularon los delitos de Abuso de Autoridad y Desobediencia a la Autoridad que lo comprometían a él. Pero quedó pendiente el de Usurpación de autoridad que sólo compromete a los sentenciados. Ese es todo el asunto. Y sólo un ignorante de la Ley o un corrupto puede considerar que no constituye usurpación de funciones el haber ejercido un cargo que finalmente es anulado. Y, por último, esta nulidad judicial fue ejecutoriada por el Comité Electoral y ratificada por el Consejo Universitario (Anexo 6).

En otro punto de su email, la “psicóloga” dice que los psicólogos tienen el aforismo siguiente: "dime de que eres anti y te dire que eres", y agrega que eso “es lo que se llama el mecanismo de defensa de reacción- formación. Dicen que Hitler odiaba a los judios porque el mismo tenia ese origen” (por cierto, los errores de redacción pertenecen a la “psicóloga”).

Con ello se debe entender que si yo odio a la corrupción es porque también soy un corrupto. Y en ese razonamiento hay dos connotaciones deducibles: que ella está reconociendo ser una corrupta, y que el supuesto odio (negado) que le tengo es porque también soy corrupto. Lo primero (que ella es una corrupta) queda demostrado con lo expuesto aquí; lo segundo, tiene que demostrarse, eso es lo científico. Lo otro es elucubración, y, por lo tanto, no creo que ese “aforismo” sea aceptado por todos los psicólogos porque a todas luces deviene anticientífico. Y lo que sí se puede decir es que en la psicología y en todas las ciencias humanas dignas se dice que los corruptos suelen actuar con falsa conciencia, es decir, aquella que los convierte en esquizofrénicos, pues su personalidad negativa la manipulan de manera muy capciosa para hacerla pasar como personalidad positiva. Y a propósito del Hitler mencionado ahí por la “psicóloga”, alguien ha escrito lo siguiente: “Todos odiamos las comparaciones con el nazismo, pero ello no impide denunciar la lógica fascista de este tipo de razonamientos.” Porque comparar a Hitler (que fue un feroz depredador de toda legalidad) con alguien que defiende la legalidad es un despropósito digno sólo de esa falsa conciencia denunciada, porque quien lo hace es –como queda demostrado– una irremediable transgresora de la normatividad.

Y aquí puedo dar por terminado este comentario, porque así como el email que lo motiva ha desenfocado los hechos elementales que trata la sentencia judicial que yo he creído pertinente comunicar a los docentes unepinos por tu intermedio (como un caso aleccionador), todo lo demás que en él se afirma resulta ser no sólo desprovisto de asidero sino que es además un aberrante galimatías, con el agravante de estar muy mal redactado (y esto demuestra que el hígado es mal consejero hasta cuando se escriben sandeces). Y todo ello –como afirmé al comienzo– desdice de la calidad profesional de quien lo elucubra (psicóloga) y de su capacidad de educadora.

Más bien se puede decir que sus desvalores explican la deformación en que se ve sumida la educación en el Perú, porque, lamentablemente, y al parecer, la corrupción ha hecho metástasis, y los corruptos e indiferentes suman más que los profesionales normales.

(Los archivos que van adjuntos en el email correspondiente resultan ser difíciles de incluir aquí, por su cantidad y por la extensión de cada uno. En todo caso voy a tratar de colgarlos por separado en lo sucesivo).



viernes 4 de julio de 2008

SENTENCIA QUE SACA RONCHA

"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.


Hace una semana me fue notificada la sentencia del Séptimo Juzgado Penal de Piura, por la cual se da por concluido el proceso iniciado (en el año 2004) contra los miembros del Consejo de Facultad que en el 2001, encabezados por Ricardo Cedano hicieron el fraude electoral con el que usurparon la función de “consejeros”.[1]

Esta resolución judicial señala la lectura de sentencia para el día once de julio. Es decir, han transcurrido cuatro años para que se sancione en la vía penal lo que se anuló en la vía civil: las elecciones fraudulentas y la gestión usurpadora de ese “Consejo” espurio. Y eso ratifica el antiguo aforismo que dice: “La justicia tarda, pero llega”.

En esta oportunidad quiero destacar un hecho crucial. Si bien es cierto figuro yo (Julio Fernández Carmona) como denunciante, para eso conté con el respaldo de un gran número de profesores de la Facultad de Ciencias Sociales y Educación que, a fines de 2001, teníamos votos suficientes para ganar las elecciones a Consejo de Facultad. Y Ricardo Cedano sabía que sólo con fraude podía ganar, y como Presidente del Comité Electoral cocinó la presentación de su “lista única” y de sus co-inculpados.

Esa acción ilegal les sirvió para seguir cometiendo otros atropellos como fue: acaparar los cargos de los directorios (por lo cual también perdieron otro juicio), y también convocar a un concurso de plazas docentes para conseguir más votos: acción que se ha hecho costumbre no sólo en nuestra Facultad sino en toda la UNP, para consolidar el imperio de la corrupción.

Este resultado judicial debe servirnos para reflexionar (ejercicio propio de todo docente universitario) acerca de lo necesario que es tener conocimiento del Estado de Derecho, para saber diferenciar las acciones ilegales en las que pretendan hacernos incurrir los corruptos innatos. Porque el corrupto, solo, no puede manipular a las instituciones, tiene que estar respaldado por otros que, a veces (por ignorancia o por conveniencia), aceptan uncirse al “tren” del corrupto como “furgones de cola”.

Esos “ingenuos” a veces pretenden justificar su inconsciencia aduciendo que participan en las acciones que les propone el corrupto “en bien de la institución”, y esta argucia fuera admisible si los cargos asumidos fueran ad honorem; pero no, resulta que son cargos rentados.

Entonces, entre la corrupción y la honestidad, no hay un espacio intermedio, una especie de purgatorio que garantice una futura “salvación”: Aceptar los cargos ofrecidos por el corrupto es convertirse en encubridor o en cómplice.

La sentencia aquí comentada es por el delito de Usurpación de Funciones. Y la ley dice que “nadie debe obediencia a un usurpador de funciones”. Esto debe saberlo todo docente universitario, para no contaminarse o ser considerado como un ignorante, indigno de su estatus.



[1] Sentenciados por usurpación de funciones: Ricardo Cedano, Sigifredo Burneo, Manuel Alayo, Hector Castillo, Socorro Granda, Carlos López, Rafael Gutarra, Amancio Martínez, Luis Arévalo.

lunes 12 de mayo de 2008

EPÍSTOLA MORAL

"Vale más canción humilde que sinfonía sin fe". J.C.

Para morir ha nacido
Toda belleza divina.
La flor del jardín florido
Para morir ha nacido.
Todo (hasta el amor y el nido)
Que Dios crea y asesina:
Para morir ha nacido
Toda belleza divina.